Un lucero para ti

Por: Luis Alberto Gutiérrez

El pasado cinco de junio Lucero Sánchez, excandidata al Miss Perú 2018 y ex Miss Perú Chimbote se despertó con, quien sabe, la peor noticia de toda su vida: un video íntimo -que por ende ya no era más íntimo -donde ella era nada más que la protagonista rondaba por ahí y se rotaba en las pantallas de los celulares, computadoras y dispositivos móviles de miles de peruanos y cientos de vistas en más de una página porno para gracia del morbo de la gran platea peruana hambrienta de sangre y de sexo.

Ella culpa a Anderson Montoro, expareja sentimental y -por obvias razones -principal sospechoso; él culpa a un tercero y ese tercero -aún sin nombre -culpará seguro a un cuarto y ese cuarto seguro a un quinto y el quinto a un sinfín de invidentes más mientras el video sigue y seguirá en las redes de millones, en las galerías de miles y en las páginas calientes donde se mantiene y se mantendrá, vagando, esperando quizá a algún otro sujeto arrecho para darle el play de honor y poder ser parte de esa intimidad que nunca mereció ser violada.

¿Pero qué sucede entonces con la vida de Lucero?, la noticia revienta y es pepa de un día, dos, sino tres y luego se olvida, ¿pero qué pasa con ella?, le cagaron gran parte de la vida, ¿y qué?, ¿no pasa nada?, ¿me hago el huevoncito y ya?, ¿va a recibir ayuda psicológica?, ¿saldrá a la calle como si nada hubiera sucedido?, ¿quién se va a comer esos insultos de mierda si no es ella?, ¿quién se va a tener que tragar las vergüenzas si no ella?; la sociedad peruana está tan podrida que para Montoro puede ser muy “piola”, muy “chévere”, muy “paja” aparecer con el falo al aire levantándose a una “flaquita” hablando cojudez y media y seguro más de un amigo lo celebrará, ¿pero es dable que una chica que confió se vea dañada y perjudicada por la viveza de alguien?, ¿por la pendejada de una rata de alcantarilla a quien le pareció gracioso joderle la vida de esa manera?

La síntesis cae en una sola enmienda: la vulneración de la privacidad con la publicación del video íntimo fue una actitud nefasta y cobarde por parte del carroñero desleal que lo haya hecho y merece que le rebalse y adjudique todo el peso de la ley, haya quien haya sido: el vivito de la cuadra, el pendejerete de la esquina, el exenamoradito arrochado o la amiga envidiosa; pero nadie -nadie -, absolutamente nadie tiene derecho a violar nuestra privacidad. Nadie. Reafirmo y repito: nadie. Cada uno tiene total derecho, libre albedrío, potestad absoluta y decisión madura de hacer con su vida y con su cuerpo lo que mejor le plazca y compartirla en el colchón de quienes mejor les cante el culo pero nadie, en absoluto, ningún envalentonado o cucaracha de desagüe tiene derecho a vulnerarla de esa manera tan impía, ruin y devastadora.

¿Quién es capaz de borrarle la sonrisa a una joven de tan solo veintiún años?, ¿hay razón para hacerlo?, ¿nos sentimos mejor al corromper la vida de quienes llegan verdaderamente a conocer e idolatrar la palabra “confianza”?

La intimidad simboliza las cuatro paredes donde la vivimos, las cuatro paredes donde la gozamos, las cuatro paredes donde la cuidamos, donde la sentimos, donde la habitamos y coger esa intimidad, mofarse, escupirla, cagar sobre ella y hacerla pública no personifica nada más que la peor bajeza del mundo.

Sonríe, Lucero y no te dejes caer. Sonríe, Lucero y no te dejes amilanar; sonríe, Lucero y no te dejes vencer. Sonríe, Lucero, que no estás sola. Sonríe, Lucero, que nadie lo está.

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