Por una noche sin Magaly Media

Por: Luis Alberto Gutiérrez

Y llegó, el nefasto día para la televisión y periodismo peruano. Magaly Medina se encargará nuevamente de destruir al cuarto poder gracias a su literatura pobre en cuanto a opiniones y a su corto alcance al público –dándole rating sólo quienes por su innato fanatismo y debido a la escases de ídolos televisivos en el Perú la ponen sobre su pantalla -. Magaly Medina ha llegado, señores. Empecemos entonces a enrumbar nuestro control remoto para, a las nueve de la noche, ver todos los canales, excepto Andina Televisión.

El programa de Medina no es el mismo, no cabe duda; en su primer y segundo intento por hacer televisión ha caído en rating y ya se le nota cansada, exhausta, con ganas únicamente de vengarse de Latina por haberla tenido en el frigider por días, meses y con el único propósito de despotricar contra cualquiera que haya estado en su contra en su tiempo de exilio. 

Ahora se siente local, dice que está en su cancha, dice que es poderosa. Dice que ha venido a erradicar la televisión peruana, dice que nada la podrá detener. Se queja de quienes alguna vez llamó amigos -que no tiene -y claro, no deja de lado a sus más feroces contrincantes, a quienes los recuerda con tanto esmero.

En sus gastados ‘ampays’ –los cuales se resguarda que ya no sean sin confirmar –se blinda gritando y repitiendo a los cuatro vientos que la información de la que hace escarnio es pública –buena estrategia, Maga, seguro de algún abogado de cabecera. – Se cuida mucho, bastante, de no ser la Magaly de hace quince años, de no ser aquella Magaly que alguna vez cayó presa por difamación.

Sus invitados fueron, son, siguen y seguirán siendo los mismos sólo que con distinta indumentaria. Debería existir un filtro en la televisión peruana para persuadir a aquellos personajes a siquiera abrir la boca para dirigirse frente a una cámara ante cientos, miles o millones de personas pero lastimosamente aún no lo hay, por lo cual el principal motivo de los que gozan de buena salud visual alcanzaría a limitarse a no ver ni escuchar a la tan indiscreta y desatinada ‘Urraca’.

Gracias de nuevo, Magaly Medina, por decirnos más directa que indirectamente qué es lo que no debemos ver y entender por qué nuestra televisión está tan retrasada. Gracias, Magaly Medina, por acentuarnos en darle rating a cualquier canal menos al tuyo. Pero sobre todo gracias, Magaly Medina, por haber regresado ante las cámaras y así enseñarnos todos los días a rezar un poquito más y ponerte como ejemplo para rogar que no existan más personajes con esa boca tan grande como la tuya y con ese cabello rojo, tan rojo que arde, quema y difumina la verdad, volviéndola en una vil y real mentira.

 

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