Parlamentario de la aventura

Por Aquiles Contreras:

Los partidos políticos son importantes para el desarrollo de los procesos democráticos de un país. Están encargados de dinamizar la vida política mediante un grupo de personas que tienen intereses e ideas afines al bien común.

Un partido político tiene como sustentáculo a sus miembros; por ello asume la obligación de ilustrar a sus miembros bajo la luz de una doctrina política, pues entiende, que sus miembros, deben estar preparados para el servicio y la función pública, además de ser personas probas para la sociedad.

En virtud de ello un partido político se vuelve un partido-escuela, fundado en sus principios, ideología, misticismo e historia. En ese orden si la política es el arte de buscar lo posible, el político es el insumo por antonomasia para ello.

Por otra parte, los movimientos políticos son resultado de circunstancias coyunturales de un país, que aglomeran personas que pretenden intervenir o participar en la política; en ese aspecto producto de su improvisación carece de una doctrina o bases partidarias para desarrollarlas.

Esta diferencia entre partido político y movimiento político evidenciaría la razón por la cual hoy nuestro congreso está exiguo de representación partidaria.

Por ello no es extraño ver como congresistas «invitados» a formar parte de ciertos movimientos políticos abandonen a estos para formar parte de una nueva bancada parlamentaria, bajo el pretexto de divergencias políticas.

Ahora bien esto no quiere decir que no debe existir movimientos políticos, todo lo contrario pues estos dinamizan la práctica democrática; sin embargo se debe demandar que estos sean serios en sus fundamentos y no terminen siendo una agrupación de aventureros políticos que solo se reúnen para ganar una elección alrededor de un caudillo de turno o, compren con dinero un puesto en el padrón electoral para tentar un escaño congresal.

El miembro de un partido o movimiento político debe ser una persona con conocida trayectoria política, con el fin de que se permita conocer y escudriñar su pensamiento, comportamiento, trabajo y carácter en su vida partidaria y su compromiso a la luz de una doctrina política. Esta «publicidad» en su vida política-personal permitirá conocer al hombre consustanciado a una doctrina y, más importante aún, si es consecuente con ella en su vida personal.

Lamentablemente, hoy nuestro Parlamento no está compuesto por políticos en su mayoría sino por empresarios, de los cuales en muchos casos se desconoce los orígenes de sus fortunas, u otros personajes populares que se aventuran a la política no con la cosmovisión de un político sino con la de un empresario o de un aventurero.

Finalmente el derecho de participar en política es un derecho inherente en el hombre; no obstante, así las cosas, en el país se hace más necesario que nunca la discusión publica de una ley de partidos políticos que estimule la participación ciudadana en la política de forma organizada, con el fin de incrementar la calidad de sus militantes y por ende tener instituciones sólidas y democráticas que permitan solucionar temas importantes para la vida de nuestro país, mediante un eximio proceso legislativo.

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