Llamado de atención nacional

Por: Franco Arce

Durante los últimos días, andaba con ganas de volver a escribir para este portal un artículo relacionado a los impactos de la guerra comercial entre Estados Unidos y China y los efectos que tendría para la economía nacional; sin embargo, por motivos de tiempo no lo he hecho aún; no obstante, lo sucedido el día de ayer miércoles 29 de mayo de 2019 me obliga a hacer un alto a mis otras actividades para escribir este breve, pero espero, reflexivo artículo.

De antemano menciono que, lo que leerás a continuación, no es lo que desea el 80% de la población en este momento; sino, un llamado a la reflexión a todos los ciudadanos, pero, en especial al Presidente Martín Vizcarra, a quien no es la primera vez que me dirijo. El Perú se encuentra en una etapa crítica no sólo a nivel político; sino, que existe un atentado latente contra la democracia, el Estado de derecho y por ende, una inestabilidad que termina afectando a personas que incluso distan de interesarse por la política, como es natural en una sociedad o una nueva generación que no ha sufrido los efectos del terrorismo o la hiperinflación.

Una vez, en una cumbre internacional, allá por el año 2012, en la cual participé representando al Perú; un amigo y líder venezolano me dijo lo siguiente: “Ustedes los peruanos han perdido el interés de participar en política porque a ustedes les va bien económicamente, están creciendo, tienen una democracia relativamente consolidada; en cambio, a nosotros nos pasaba algo similar en el sentido que cada persona no interesada en aquel momento por la política se dedicaba a la actividad privada o al día a día, interesado únicamente en su bienestar y en el de su entorno, pero esto cambió cuando nos vimos afectados económica y socialmente por las medidas tomadas por el régimen chavista, es ahí cuando empezamos a interesarnos por la política no por decisión propia; sino, porque el país y la situación te obliga a involucrarte en ella y defender la democracia”.

Esas palabras me quedaron grabadas hasta el día de hoy y es precisamente en estos días que cobra relevancia lo que he expuesto en el párrafo anterior. Trataré de contextualizar a continuación los hechos ocurridos, mi perspectiva política y socioeconómica sobre la base de mi corta trayectoria y experiencia de poco más de 10 años en la actividad política; a pesar que hoy me encuentro algo distanciado de la política activista, pero la reflexión y el análisis espero pueda servir a quienes se involucran en el día a día con ella, a los ciudadanos en general y a quienes toman las decisiones de las riendas del país.

Inicio esto diciendo que, en los últimos años (específicamente durante el Gobierno de Kuczynski y Vizcarra), si no estás de acuerdo con lo que dice la mayoría, te tildan de fujimorista o de aprista; llegando incluso muchos a no dar una opinión por temor a ser tildados de ello y ser marginados de su círculo social. Es por ello, que el día de hoy me atrevo a hablar de un antecedente que viene de alrededor de veinte años atrás, quizás, durante la caída del régimen fujimorista, en donde se dejaron libres a muchos condenados por terrorismo, algunos sí, algunos no, el asunto que nos concierne a todos, es que se impuso una currícula escolar que marca nuestros días. Y esto lo digo porque se empezó a condenar a diversos actores de la democracia que eran ajenos al terrorismo, pero que los libros demarcaron o condenaron mejor dicho como antidemócratas como a los Comandos Chavín de Huantar, quienes lucharon por la paz en nuestro país.

Lo cierto es que, durante los últimos años de la era republicana, hemos tenido gobiernos que “han respetado la democracia”, incluso el gobierno Humalista, que para mi gusto no fue el mejor e incluso llegó a hacerme un seguimiento o reglaje a través de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI) al momento que denuncié los abusos que existían en Venezuela, pero este no es el tema que concierne al texto que relato en este momento. A lo que deseo llegar es que, el Perú de por sí, es un país en vías de consolidación de la democracia, pues no tenemos una que sea sólida en su conjunto. Contamos con una falta de institucionalidad, hemos retrocedido en los índices de competitividad publicados en los últimos días, pero nos rasgamos las vestiduras queriendo aparentar que somos un país que lucha contra la corrupción, cuando esta se encuentra enquistada en los diferentes poderes del Estado.

Al mencionar lo último del párrafo anterior, me refiero a que, no es algo nuevo para quienes conocemos el funcionamiento total del Estado peruano, no sólo en el Ejecutivo; sino en el parlamento y en el Poder Judicial. Muchos piensan que la Fiscalía de la Nación, forma parte del Poder Judicial y esto, no es así. Por muchos años se ha dicho que los órganos de justicia han estado supeditados a los intereses del partido aprista y/o fujimorista; que no dista de la realidad en algunos casos, pero, lo cierto es que, existe una lucha constante por el control de los tres poderes del Estado peruano.

Sin mencionar nombres ni apellidos, puedo en lo personal darme cuenta que, existe una guerra de poderes por el control del aparato de justicia nacional, llámese Poder Judicial y Fiscalía de la Nación. Estos intereses han sido vinculados a los que existen tanto en el parlamento nacional como en el ejecutivo y es la razón de ser de este artículo en contra de la medida tomada por el Presidente de la República, Martín Vizcarra. Muchos no entenderán la relación, quizás. Lo cierto es que, un sector vinculado a la izquierda del país quiere tomar control de estos poderes de manera estratégica, lo cual desarrollaré en los siguientes párrafos.

El fin de la izquierda peruana, es el copamiento del poder, el todo por el todo. Han empezado por una lucha en el aparato de justicia nacional, el cual no es de elección popular; sino, que era hasta antes del referendum a través del Consejo Nacional de la Magistratura y hoy en día de la Junta Nacional de Justicia, el cual sólo ha tenido tres candidatos aptos, a uno de estos, han querido vetar por sus opiniones en contra de algunos fiscales. La meritocracia entonces, no existe.

El actual presidente, a mi modo de ver, no sólo con los últimos hechos; sino, incluso previo al referéndum, ha sido el de querer jugar ajedrez, cuando realmente jugaba damas chinas; quiero decir lo siguiente: no puede un Presidente de la República querer acorralar a un poder del Estado, sea el legislativo o el judicial; lamentablemente, ha intentado imponer sus ideas en ambos. Los tres poderes del Estado peruano son totalmente autónomos y deben ser así para garantizar la democracia que tanto anhelamos.

Muchas personas de mi generación y las venideras, se han formado gracias a una currícula escolar y universitaria, incluso, que, ha impuesto un pensamiento relacionado a algunos intereses, principalmente de lo que se dice coloquialmente, la caviarada, en donde si no piensas de esa forma o no respondes a lo que te dicen aquellos textos, estás condenado al fracaso, a ser mal reconocido en la sociedad.

Nos enfrentamos hoy en día a una cuestión de confianza; si bien es cierto, esta es un mecanismo contemplado en la Constitución Política del Perú, pero que el ejecutivo pareciera haber visto mucho de la serie de Netflix House of Cards, queriendo acorralar a dos grupos que ya he mencionado anteriormente: el fujimorista y el aprista. Vuelvo a decir, no formo parte e incluso discrepo con muchas de las ideas de ambos, pero debemos respetar el mandato del pueblo, la elección popular; ya que, al fin y al cabo, los congresistas elegidos, han sido designados por el total de la población en un momento determinado, esto es democracia y no querer imponer a un poder del Estado que aprueben una u otra medida.

El ejecutivo hace mal al plantear la cuestión de confianza, poniendo en jaque no sólo la democracia y a los poderes del Estado; sino el desarrollo del país, la imagen que vendemos al exterior. Nos presentamos hoy en día al mundo, como un país tercermundista, en donde prima la idea del más vivo. El Perú no está para este tipo de juegos, no estamos en piloto automático, necesitamos seguir creciendo como país. Contamos con grandes proyectos con inversión nacional y extranjera también; pero, hoy en día muchos proyectos se encuentran paralizados, producto de una inestabilidad sociocultural.

El actual presidente no se ha dedicado a gobernar, se ha dedicado a hacerle frente en el día a día al Congreso de la República para subir en las encuestas; pero, hechos como la reconstrucción e incluso el último terremoto suscitado en Iquitos llaman mi atención; ya que, ante una catástrofe debemos sacar el lado positivo, como se dice ante toda crisis siempre hay una oportunidad y este es que nos permitiría una mayor inversión pública y privada que contribuyan al producto interno nacional a través de una reconstrucción que permita tener mejor infraestructura, puestos de trabajo, un dinamismo de la economía nacional, entre otros.

Tenemos un presidente que prometió eliminar la corrupción con el referéndum (yo sabía que no era posible sólo con eso, ni con medidas adicionales; ya que, esto toma largos años y nunca se logrará eliminarla en su totalidad, pues esta ha existido desde tiempos muy remotos en el mundo), se le dio el gusto como consecuencia de una amenaza de planteamiento de cuestión de confianza. No podemos acostumbrarnos al chantaje político; con esto tampoco quiero decir que estoy de acuerdo con el accionar del Congreso de la República, pero como mencioné anteriormente, es el que elegimos por elección popular todos los peruanos.

Amo mi país y espero lo mejor para esta hermosa tierra que me vio nacer, pero muero de pena al ver las cifras macroeconómicas, al ver justificaciones del ministro de economía, relacionadas a que no cumpliremos las metas del PBI si no se aprueba lo propuesto por Vizcarra, lo cual es totalmente falso, la ineptitud e inexperiencia de este ministro y del gobierno en su conjunto es la causa de que no se llegue a la meta y no el aprobar o no lo planteado por el presidente. Dicho esto, no significa que no esté de acuerdo con que se debata cada propuesta que plantee Vizcarra, por el contrario estoy totalmente de acuerdo con ello; pero como menciono: que se debata y si no procede que se archive. No pretendamos imponer aprobaciones de reformas sí o sí, eso sólo se ve en regímenes dictatoriales y autoritarios.

Por el bien de la democracia y de mi país, espero que las consecuencias no sean devastadoras y me refiero a que, como mencioné en un artículo anterior y en algunas conferencias que he dado: la finalidad de la izquierda y de la caviarada en su conjunto fue desprestigiar a la política tradicional, que, efectivamente ha cometido muchísimos errores y delitos incluso; pero, no generalicemos, interesémonos por la política, involucrémonos, seamos participes de ella para generar un cambio. La consecuencia de este desprestigio no será más que, dejar el camino libre a un cambio radical, a una izquierda extremista como la de Antauro Humala, quien ya suena fuerte en el sur del país o una Veronika Mendoza.

No nos condenemos al fracaso, reflexionemos, pensemos, amemos a nuestra patria y pongamos los intereses del Perú primero. Termino este texto con la frase que inicio el Presidente Vizcarra: El Perú está primero y así debería ser, pero parece que olvido ello y primo el interés por desprestigiar y sepultar a los partidos políticos para dejar el camino libre hacia el 2021 a una propuesta radical que lo único que hará será empeorar aún más las cosas y utilizar como argumento que el sistema capitalista y de economía de mercado que tenemos hoy en día ha fracasado y se debe imponer uno ligado al socialismo del siglo XXI o cosas similares. No pongamos en juego los destinos de la patria.

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