La injusticia divina del mundo al revés

Por: Luis Alberto Gutiérrez

El Perú es el mundo al revés, el país del nunca jamás. Es acaso el suspiro de la injusticia, el manjar de lo inmoral, la literatura bandida y barata que se escurre en lo prohibido, que te hace pensar que lo que no debe ocurrir pasa sin saber cómo pero siempre de la peor manera, de la menos esperada. Sucede ahí, donde más nos hinca, donde más nos jode, donde más nos duele. Donde el que irrumpe ríe libre y el que cuida se aferra a la posibilidad de no morir en una celda repleta de resentidos. De abyectos. De criminales.

“¿En qué momento se jodió el Perú?” es una frase cliché que ha perdido el peso que tuvo otrora, que se ha perdido con el tiempo y que hoy en día muchos podrían preguntársela pero creo que casi nadie la respondería. Y es porque nos hemos enredado en un vendaval de malas estrategias que ahora nos tienen de los cojones bien sujetos sin chance a liberarnos, aunque sea un poquito. Aunque sea nada.

Un policía que cumple su labor y nos libra de un delincuente debería ser condecorado, debería ser premiado con los máximos reconocimientos, más aún si ha salvado vidas, más aún si ha salvado la suya misma, más aún si se ha envalentonado y no le han temblado las piernas ante las balas que corren silbando y los cuchillazos que vuelan y dejan filudo hasta el aire. Un policía que cumple su labor debería ser expedito en causas, debería llorar de felicidad en casa al volver con su familia y ver jugar a sus hijos. Un policía que cumple con su labor no debería pasar por lo que Elvis Miranda Rojas está pasando ni por lo que la justicia peruana acontece en estos momentos.

La podredumbre nos embarga y elabora planes maquiavélicos contra los caminantes probos, ¿será este nuevo parlamento con este nuevo Ejecutivo con estas nuevas reformas un detonante para estos jueces traídos de Saturno con ideas que nos hacen retroceder y nos escupen en la cara riendo sin cesar? ¿Será el inicio de un cambio? El Perú es endeble y vulnerable como organismo celular, como vagabundo millonario sentado en un sillón repleto de poder sin saber qué hacer. Eso es el Perú, y lo ha sido desde siempre, sólo que ahora el telón ha caído y podemos ver qué ocurre tras bambalinas.

Creeremos entonces en la pequeña esperanza de que estas leyes trastornadas, donde el ciudadano es quien se defiende y el criminal es quien va libre y el ciudadano es quien va preso y tiene  luego que pagar reparaciones civiles y tiene luego que bajar la cabeza y el criminal se burla en la cara de todos y camina libre por las calles y vuelve a delinquir, cambien -son patrañas, es absurdo, es tan absurdo que parece mofa, tan absurdo que da risa -cambien para el bien no sólo de nosotros o de nuestros hijos, sino por el bien de un país que carece de héroes, que carece de buenos tratos, que llora y grita por justicia, una justicia verídica. Una justicia de verdad.

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