La envidia es la única explicación

Por: Ursula Chamochumbi

En los últimos días, varias personas -algunas muy relacionadas al caso Lava Jato- medios de comunicación y el IDL, han inventado y levantado hasta el cansancio otra leyenda negra sobre Alan García. Según ellos, un “colaborador” habría declarado que mantuvo una conversación con el ex presidente, en la que él manifestó que -cuando fueran a detenerlo- le dispararía a José Domingo Pérez y luego se suicidaría.

Por supuesto no tienen forma de corroborar esa declaración ni prueba alguna que la sustente, por esa razón tienen que recurrir a embustes tales como alegar que el objeto que Alan García tenía en la mano cuando bajó las escaleras, ese fatídico día en el que se quitó la vida, era una pistola que esperaba utilizar contra el fiscal, cuando anteriormente se comprobó -en varios medios de comunicación- que lo que tenía en la mano era un llavero.

Pero a pesar de lo irrisorio y grotesco de esta patraña, hay quienes la creen y eso preocupa. Algunos porque ven en televisión a un irresponsable fiscal, quien da por cierta esa acusación, cuando dice sentirse “impactado por conocer la decisión del ex presidente de atentar contra su vida”. El tipo se olvidó de que esas declaraciones no han sido corroboradas, ni declaradas admisibles en un juicio y menos se ha sentenciado que sean ciertas. Si existiera un verdadero Colegio de Abogados o una JNJ responsable, ya lo hubieran al menos amonestado.

Estas personas -que cada vez son menos- y que creen a ojos cerrados lo que dicen estos fiscales, el gobierno o IDL, no preocupan tanto como otro grupo, que es mucho más grande y que demuestran la miseria de los seres humanos. Me refiero a aquellos que, independientemente de creer o no en este tipo de mentiras, las dan por ciertas a la opinión pública, sea que tengan llegada en medios, redes sociales o en sus propios espacios. Estas son personas guiadas nada más que por un odio inmenso hacia la figura de Alan García, odio que se explica por la envidia enfermiza que sienten. No es para menos, el ex presidente encarna lo que muchos quisieran ser: inteligente; carismático; cultísimo; querido por grandes personajes internacionales; respetado incluso por mafiosos, que no se atrevían a proponerle asuntos fuera de la ley; amado por millones, sobre todo por su familia.

¿De qué otra manera podría explicarse el ataque encarnizado hacia Alan y su familia? El desastre del primer gobierno no fue solo su culpa; pero no vemos a esa misma gente insultando de igual manera a Belaunde y menos a Velasco. Ese desastre fue ampliamente superado en el segundo con uno de los mejores gobiernos de la historia; pero no se lo reconocen. Sus enemigos Ollanta y Nadine, no pudieron comprobarle desbalance patrimonial a pesar de los millones que invirtieron en su mega comisión. Sus hijos han sustentado con documentos la adquisición de propiedades y cómo estudiaron. Ni Nava ni Atala han podido demostrar que el dinero que a ellos les dio Odebrecht era para el presidente, simplemente no tienen pruebas de esos dichos. ¿Entonces? La única respuesta es el odio y envidia encarnizados que sienten por alguien que fue más que ellos, no por haber sido presidente dos veces, sino porque nunca vivió con odio en su corazón.

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