La cuarentena

Por: Erick Rony Vásquez Guevara

Día 63 de la cuarentena. Las cifras de contagiados y muertos por COVID-19 aumentan. Por ahora, solo me limito a informarme si aumenta o no dicha cifra. Deseo desconocer la cantidad, porque esto ya no es una medida de prevención sino una guerra que lamentablemente venimos perdiendo.

Como todo conflicto bélico precisábamos al inicio de una estrategia. Esta fue la cuarentena. Por supuesto que se presentó como la única y mejor opción. Organismos internacionales y otros Estados aplaudían la forma en que el gobierno peruano, en forma valiente y responsable, había tomado esta difícil decisión. En efecto, también me emocioné por la adopción de esta medida, ya que reflejaba muchas cosas, entre ellas que somos un país con una economía solvente y con capacidad de responder ante cualquier desastre o calamidad natural, de aquellas que no nos faltan o que esperamos que no se repitan.

Esta lectura, por supuesto, fue equivocada. La cuarentena como medida para afrontar una pandemia no fue ni ha sido suficiente. Recordemos que en los primeros días de esta medida muchas personas salían a las calles, e incluso familias enteras. Para muchas personas fue como vivir unas vacaciones familiares en el barrio, porque si bien ya no se podía viajar al interior o al extranjero, sí podían pasear e ir de compras a los mercados. En este punto, no podemos dejar de mencionar a los pobres, que en nuestro país no son pocos, pues se alimentan del dinero diario que ganan en sus actividades ambulatorias, y quienes con seguridad vivieron –y siguen viviendo- esta cuarentena como una guerra no contra la salud, sino contra el hambre.

Por ello, si bien la cuarentena se presentaba como la mejor opción, esta no hizo sino demostrar una aún errónea interpretación de la sociedad peruana en todos sus niveles. Al parecer, el éxito económico y las reservas monetarias de nuestro país no se correlacionan con su sociedad real. Un ejemplo de ello es el deficiente estado de la salud en nuestro país, lo cual a estas alturas está totalmente demostrado.

La adopción de una medida como la cuarentena, sin otra medida adicional, constituye una lectura sesgada de nuestra sociedad, porque no se observó todos los niveles sociales, esto es, desde los que poseen hasta los pobres y sus implicancias económicas. Es paradójico que esta enfermedad importada por los primeros (aquellos que viajan al extranjero) afecte con mayor crudeza a los más pobres, y que las medidas adoptadas golpee con un verdadero martillo el día a día de estos últimos. Para ellos no existe teletrabajo ni trabajo remoto alguno que les permita subsistir esta pandemia.

Si a ello le agregamos la extensión de la cuarentena, que es una medida que exigen los médicos, sin ninguna medida adicional por parte del gobierno, los resultados no serán favorables en un futuro próximo. Confío en que se requiere de una medida adicional que permita tanto la inmovilización absoluta de la población como la identificación inmediata de los focos infecciosos y del lugar de residencia de aquellas personas contagiadas, a efectos de evitar todo contacto y detener el avance del contagio.

La extensión de la cuarentena y las fases de la reactivación económica como medidas para contrarrestar el golpe de martillo que no hemos dado, sino que nos ha dado como país la COVID-19, se encuentran lejos de responder a nuestra realidad social actual y a una interpretación correcta e integral del país.

Espero que mañana, día 64 de la cuarentena, las cifras disminuyan y que las palabras anteriormente escritas sean equivocadas, siempre pensando en el bienestar de todos los peruanos.

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